La Gestión del Riesgo (GdR), se define como un proceso de adopción de políticas, estrategias y prácticas orientadas a reducir el riesgo de desastre o minimizar sus efectos. Implica intervenciones en los procesos de planificación para el desarrollo y la implementación de estrategias orientadas reducir las causas que generan condiciones de vulnerabilidad en las unidades sociales y sus medios de vida.
De esta definición se derivan dos consideraciones fundamentales y relevantes con referencia a cualquier nivel de la gestión:
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La gestión comprende un proceso y no un producto o conjunto de productos, proyectos o acciones discretas, relacionado con el logro de objetivos de desarrollo sostenible.
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La gestión se ubica con referencia a dos contextos de riesgo: el riesgo existente y el posible riesgo futuro.
La Gestión Correctiva; tiene como punto de referencia el riesgo ya existente, producto de acciones sociales diversas desplegadas en el tiempo pasado.
La Gestión Prospectiva; se desarrolla en función del riesgo aún no existente pero que se puede crear a través de nuevas iniciativas de inversión y desarrollo.
Entendemos por riesgo de desastre en a la probabilidad de daños y pérdidas futuras asociadas con el impacto de un evento físico externo sobre una sociedad vulnerable, donde la magnitud y extensión de estos son tales que exceden la capacidad de la sociedad afectada para recibir el impacto y sus efectos y recuperarse autónomamente de ellos.
El riesgo deriva de la relación dinámica y dialéctica entre las llamadas amenazas físicas y la vulnerabilidad de una sociedad o un componente en particular de la misma.
Las amenazas son eventos físicos latentes, o sea probabilidades de ocurrencia de eventos físicos dañinos en el futuro, y pueden clasificarse genéricamente de acuerdo con su origen, como “naturales”, “socio-naturales”, o “antropogénicos”.
La vulnerabilidad representa las características internas de los elementos expuestos a las amenazas: población, asentamientos humanos, producción, infraestructura, etc., que los hacen propensos de sufrir daño al ser impactados por distintos eventos físicos. La vulnerabilidad significa una falta de ‘resiliencia’ y resistencia y, además, condiciones que dificultan la recuperación y reconstrucción autónoma de los elementos afectados. Son específicas a distintos tipos de amenaza, lo que significa que no existen vulnerabilidades generales, sino más bien vulnerabilidades con referencia a amenazas o conjuntos de amenazas específicas.
Un desastre comprende un contexto y proceso social que se desencadena como resultado de la manifestación e impacto de un fenómeno físico de origen natural, socio-natural o antropogénico que, al encontrar condiciones propicias de vulnerabilidad en una población y debilidad, fragilidad o falta de resiliencia en su estructura productiva e infraestructura, causa alteraciones intensas, graves y extendidas en las condiciones normales de funcionamiento de la sociedad afectada, las cuales no pueden ser enfrentadas o resueltas de manera autónoma utilizando los recursos disponibles por esta unidad social
Actualmente, la manifestación de fenómenos hidroclimáticos extremos, como efecto del cambio climático, están exacerbando amenazas y configurando escenarios de desastre. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), en su Artículo 1, define cambio climático como: “un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables”. La CMNUCC distingue entre “cambio climático” atribuido a actividades humanas que alteran la composición atmosférica y “variabilidad climática” atribuida a causas naturales. (IPCC)
En los últimos años, en América Latina y el Caribe, se han incrementado el número de desastres por inundaciones, huracanes, deslizamientos de tierra, sequías, entre otros; con el consecuente retrazo en los procesos de desarrollo y el incremento de la pobreza en las poblaciones vulnerables.
En este escenario el ERC trabaja los temas de Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático como estrategia para impulsar medidas orientadas a evitar la generación de vulnerabilidades, reducir el riesgo existente y minimizar los potenciales efectos de los desastres.